– Las letras generan patrones de actividad intensos en el área temporo-occipital izquierda. Un área fundamental para el desarrollo de las capacidades lectoras.
– El ejercicio sistemático y guiado de la lectura genera cambios en mecanismos que se asocian no solamente con la lectura sino con otras habilidades cognitivas.
– Fomenta la “teoría de la mente”, la capacidad de inferir lo que sienten o piensan las otras personas, sin que lo digan
-El hábito sostenido de leer fomenta la «reserva cognitiva», que es la la resistencia que tiene el cerebro ante el declive que supone envejecer.

Mitos y beneficios de la lectura
¿Cuáles han sido los principales hallazgos de la neurociencia en relación a lo que produce la lectura en el cerebro?
Uno de los hallazgos más contundentes tiene que ver con la detección de un área cerebral específica que se especializa en el reconocimiento de letras, básicamente. Esto es lo que hace un tiempo se llamaba “el área de la forma visual de las palabras” y hoy algunos autores llaman “la caja de letras del cerebro”, una metáfora no muy acertada porque no hay tal caja que contenga letras sino una región cerebral que cumple un papel importante en los procesos biológicos que son la base de la lectura. Esa región se llama temporo-occipital ventral izquierda, en el 95% de la población mundial esa zona que se especializa en el reconocimiento de letras está fuertemente lateralizada hacia el hemisferio izquierdo del cerebro.
¿Por eso se dice que las personas que tienen más facilidad para cuestiones relacionadas con las artes, las letras, las palabras usan más el hemisferio izquierdo del cerebro y las que se ocupan de las ciencias más exactas o duras, el derecho?
En realidad hay muchas funciones cerebrales que están lateralizadas, es decir, en las cuales un hemisferio tiene más predominio que otro, pero esto solamente es cierto para funciones muy micro.
Eso de la lateralización de las funciones lógicas y creativas, artísticas, es un mito que se ha diseminado de una manera increíble. La verdad es que no hay un solo ápice de evidencia científica a favor de eso, y tampoco resiste mucho análisis.
Plantear una dicotomía entre los procesos lógico racionales, por un lado, y los procesos creativos, estéticos, poéticos, por otro, no tiene mucho sentido. Muchos de los recursos que hacen al buen arte, sea programático, sea improvisado, tienen que ver con habilidades lógicas: desde las composiciones musicales, el establecimientos de rimas, la trama de una novela, hay un montón de lazos causa-consecuencia, incluso de patrones matemáticos, entonces sería medio tonto excluirlos de lo que es la creatividad o lo artístico. De hecho hay participación de ambos hemisferios en actividades que uno puede presumir más creativas o lógicas. Pero fuera de eso sí hay funciones que están lateralizadas, por ejemplo: todo lo que se percibe con el oído derecho se procesa primero en el área auditiva primaria del hemisferio izquierdo y viceversa. Lo mismo pasa con el control de las manos y las piernas, los movimientos de la parte derecha del cuerpo los controla el hemisferio izquierdo y los de la parte izquierda, el derecho. Y eso ocurre también con la visión. Entonces sí hay lateralización pero no en ese nivel de cosas tan abstractas como la creatividad o el pensamiento lógico, eso es lo que se llama un “neuromito”.
Pero una de esas funciones que sí está lateralizada es el reconocimiento de las letras. Y esta región témporo-occipital ventral izquierda es un área que permite la integración de sistemas, mecanismos, que permiten reconocer formas visuales, la distancia, la combinación de líneas en el espacio visual, con otros mecanismos que están especializados para procesar los sonidos del habla, los fonemas, y la lectura es básicamente eso: poner en diálogo formas visuales, asociarlas con ciertos patrones de sonido, arbitrariamente. Entonces esta región tiene unas distribución anatómica en el cerebro que la pone en un lugar ideal para propiciar esa integración entre información visual y fonológica.

Adolfo García
A fines del siglo XX, en 1989 aproximadamente, se empezaron a hacer experimentos en los que se comparaba qué áreas cerebrales se activaban cuando la persona veía letras escritas versus otros caracteres que no son letras, y se encontró que las letras generan patrones de actividad intensos y distintivos en esta misma área témporo-occipital izquierda. Es más, con investigaciones más recientes en neurociencia puede verse también cuál es el nivel de conectividad, cómo se conectan distintas redes en el cerebro, y una cosa que se ha descubierto es que los chicos que tiene dislexia, un trastorno del desarrollo en capacidades lectoras, presentan conectividad reducida en redes que involucran esta región particular del cerebro. Entonces esta es un área muy importante para esta habilidad en particular.
Entendiendo que hay diferentes grados de dislexia, ¿la lectura es beneficiosa para quienes padecen este trastorno?
Efectivamente hay distintos tipos de dislexia, los modelos más difundidos hoy distinguen seis diferentes. Y hay tratamientos y programas de rehabilitación que son exitosos, pero su éxito depende de un montón de factores como la edad en la cual se conoce el diagnóstico, la edad en la que se comienza el tratamiento, la asiduidad del tratamiento, si hay antecedentes de dislexia en la familia, y también el tipo. Igualmente hay estudios que muestran que en niños que tienen otro tipo de dificultades de lectura, si se hace una intervención, un programa para mejorar y fortalecer las habilidades de lectura, se logran cambios en la conectividad cerebral, es decir, el ejercicio sistemático y guiado de la lectura genera cambios en mecanismos que se asocian no solamente con la lectura sino con otras habilidades cognitivas. La lectura está siempre en juego con otros procesos cognitivos.
Otra cosa que se ha descubierto es que distintas palabras tiene distintos costos cognitivos al leerse, es decir que hay palabras que cuestan más al cerebro para ser leídas, por ejemplo: las palabras que son más frecuentes se leen más rápido, se procesan con menor esfuerzo cognitivo que las que son menos frecuentes.
Esto es interesante para entender que la lectura, aunque la denominemos como un sustantivo singular, no es una sola cosa sino que hay distintos mecanismos de los que la mente se hace cargo según el tipo de estímulo y palabra a la que se esté enfrentando. Hay algunos estudios que empezaron a investigar qué pasa cuando uno se enfrenta a textos literarios, por ejemplo.
























