La candidata a gobernadora de Río Negro por el Frente de Todos, Silvia Horne, dijo entender a las personas que perdieron la confianza en la política. “Los entiendo porque fuimos defraudados constantemente. No se puede vivir de la política, eso es un gran error, es una deformación. Nosotros pudimos transformar esa indignación que nos dejó la traición dentro del partido en esperanza, y es lo que la gente más nos destaca. Yo puedo salir a la calle y caminar tranquila, sólo recibo el amor de mis vecinos”, destacó.
Horne es la cabeza de la alianza provincial que nuclea a diferentes partidos y organizaciones sociales que confían en que se puede transformar a Río Negro de la mano de los sectores populares. Cuenta con una extensa militancia política, experiencia parlamentaria y nunca se obnubiló con el poder.
Nació en Godoy Cruz, Mendoza, el 23 de julio de 1954, hija del ingeniero agrónomo Federico Horne y de la amante de la vida familiar y la lectura, devoradora de bibliotecas populares, Sabina Valerio.
Con apenas 6 años se instalaron en General Roca tras una oportunidad laboral que el INTA le realizó a su papá. Allí terminó sus estudios en la Escuela Primaria Normal y el Colegio Nacional en el nivel secundario. En este último compartió los primeros pasos hacia la política junto a algunos jóvenes que actualmente están desaparecidos por su militancia.
En su intimidad la llaman la gringa, madre de Eva, Juan y Juliana. La mayor nació en cautiverio cuando Silvia fue detenida en Mendoza, detención que se extendió por casi ocho años durante la dictadura militar. Ella tenía dos meses de embarazo cuando la encarcelaron por ser militante peronista.
“Tenía 20 años, cursaba mi segundo mes de embarazo, había iniciado una carrera en la Universidad de Cuyo y estaba por entrar a trabajar a una planta que procesaba cebollas y ajos, pero no alcancé. En enero de 1975 me detuvieron, estuve un tiempo desaparecida, y me alojaron en la penitenciaría de Mendoza. En agosto tuve a Eva en cautiverio y a los pocos meses se la entregué a mis padres para que la cuiden. Las dos fuimos presas políticas, y ella fue de los pocos bebés que alcanzamos a retirar de los penales antes de que se los roben como ya ocurría entonces con hijitos de compañeras. Siempre digo que ella estaba destinada a sobrevivir porque hay concepciones, y semillas, que llegan con la fuerza de soportar cualquier barbarie”, contó.
























