Según datos de ANSES, en la Argentina 29,9 millones de personas en edad laboral. De ese total, el 10,8 millones tiene ingresos regulares (8,5 en relación de dependencia y 1,3 monotributistas). Por lado, unos 5,3 millones tienen ingresos por prestaciones de ANSES.
¿Qué pasa con las 13,7 millones de personas restantes? Hay casi 14 millones de personas que no trabajan ni en el Estado ni en el sector privado, ni tampoco cobran un plan. ¿No trabajan? Sí, pero de manera informal. Y esta, es una tendencia que crece y que la dirigencia debe prestar atención, porque se enlaza con los desafíos que tenemos por delante como provincia, y en cada ciudad.
La Argentina tiene 14 millones de personas aptas para cobrar UN PLAN SOCIAL. Claramente, esto no es viable para los Estados, y señala un desafío para quienes pretendemos el desarrollo de las capacidades productivas de la provincia.
El dilema es que, así como están nuestros sistemas productivos, la tendencia a la informalidad se va a sostener. Desde 1970 que la estructura de empleo en la Argentina se mantiene más o menos estancada. Pero la población crece año a año.
¿Cómo generamos más puestos de empleo genuino en el escenario actual? Una de las claves a esta respuesta, se encuentra en el Gran Acuerdo Ríonegrino que impulsó Alberto Weretilneck y que es acompañado por casi todas las fuerzas políticas. Veamos.
HACIA DÓNDE IR
El sistema productivo actual argentino está perimido: está pensando para un mundo que ya no existe, por lo que hoy exporta, produce riqueza, y empleo, de manera ineficiente. Y ni hablar de traer inversiones, ya que al no existir un patrón de desarrollo sostenido en el tiempo (más allá de los gobiernos), no es atractiva la inversión en el largo plazo. Por eso, no se trata de un problema moral: “los empresarios son malos”. Se trata de un problema de naturaleza sistémica. De hecho, la acción del empresariado es bastante razonable.
Por eso, es fundamental reconstruir el sistema productivo tecno-exportador sobre nuevas bases de desarrollo, y que fundamentalmente tenga un patrón de crecimiento estable.
El mundo tiende a la siguiente división: consumir alimentos y consumir energía. Argentina tiene la fortuna de poder realizar ambas, y además realizarlas muy bien. Río Negro, en ese concierto nacional e internacional, puede llegar a tener un rol sumamente importante.
Hoy ya producimos gas y petróleo, lo que nos instala muy cómodamente la transición energética. Vamos hacia la posibilidad de producir energías limpias, que no sólo puede servir para la exportación, sino también el abastecimiento de las industrias nacionales. Además, tenemos agua, y viento, que también son fuentes importantes para producir alimentos y energía.
También hay que considerar el afincamiento de inversiones dedicadas a la producción de alimentos con valor agregado, que puede tener salida por los puertos, y por el corredor que genera la Ruta 23.
Tenemos, además, una inmensa red de instituciones del conocimiento, que son capaces de producir el conocimiento necesario, y que articulados con el sector privado, puede ser un excelente círculo virtuoso.
EL GRAN ACUERDO
El desafío es diseñar un nuevo modelo de desarrollo para insertarse en el mundo, y de esa forma recrear el sistema productivo. El objetivo es garantizar un nuevo escenario laboral para los futuros trabajadores.
Río Negro puntualmente tiene una diversificación de industrias por región, que pueden empezar a combinarse. En Bariloche, además del turismo, tenemos bases científico tecnológicas que pueden ser un polo de empleo importante. Así también la industria del conocimiento, clave para la inserción en el mundo que viene, ya que atraviesa todo tipo de actividad económica/productiva.
Este rumbo, esta transformación, es un desafío para la dirigencia política. Esos son los grandes acuerdos que debemos concretar: aportar ideas para que tengamos un modelo de desarrollo que produzca bienes que el mundo necesita, que tenga la estrategia de inserción de tales productos, que se garantice la inversión, y por lo tanto el empleo del futuro. Sin dudas, esa transformación debe tener en cuenta la educación, es decir las capacidades humanas.
La estructura económica argentina no se ordenará por la fuerza exclusiva del mercado, ni por el poderío del Estado. La transición de una estructura tecno-productiva a otra, requiere, construir una nueva coalición política amplia, con políticas de Estado sostenibles en el tiempo.
La agenda no puede ser cómo sostenemos los planes. Ni tampoco cómo sostenemos el esquema de sustitución de importaciones que ya no genera nuevos puestos de trabajo. El mundo está cambiado, y debemos adaptar nuestro sistema productivo, a ese nuevo escenario para tener un patrón de desarrollo coherente con el mundo y con las necesidades de nuestro país, provincia, y ciudades.
























